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Fernando Tejero y su miedo a dejar de «chupar del bote»

Hace mucho tiempo que no se esconden. Viven de lo público, de lo que pagamos usted y yo a base de impuestos y lo reivindican de manera vehemente una y otra vez. Tienen tan interiorizado el discurso que por momentos ni ellos mismos son capaces de discernir entre lo que es real y la burbuja surrealista en la que habitan dentro de su desnortada cotidianidad.

Hablo de actores como Fernando Tejero y la gente del mundillo farandulero en general. No todos, por supuesto, pero una buena parte de esta legión de ecoculturetaswoke, o sea, de esos que predican y predican aunque luego ellos hagan justamente lo contrario, creen fervientemente que su “profesión” es algo tan necesario para esta sociedad como cualquier otra cosa de carácter básico.

Fernando Tejero y su miedo… a trabajar

Amparados bajo el mantra de la cultura promuevan con descaro sus exigencias; esas mismas que pasan por seguir siendo financiados por los políticos de turno, a los que amablemente les bailan el agua (por la cuenta que les trae) y a su vez sirven a modo de altavoz mediático. Solo hay que recordar a Eduardo Casanova reivindicando más pasta durante la celebración de los Premios Goya 2020.

Entonces le mandaba conciso mensaje a “Antonio I el Guapo”: “Al presidente del Gobierno le pediría más dinero para hacer nuestras películas. Nuestras películas necesitan dinero. Este tipo de galas están muy bien, pero necesitamos dinero público para el cine”. Pues eso presidente, más pasta para que vivan a tutiplén aunque algunos de ellos tengan el talento donde otros guardamos el dinero: en ningún lugar.

No es el caso de Fernando Tejero, buen actor donde los haya, aunque parte indisoluble de esta casta financiada con fondos públicos. Solo había que verlo y escucharlo hace apenas unos días confesándole a Jordi Évole sus miedos e ideales políticos en una de las entrevistas que forman parte del programa que el catalán presenta para la Sexta.

Y no sé por qué me da en la nariz que a nadie le sorprendió que se declarara fiel seguidor y un apoyo incondicional de la izquierda española. Cuando Évole le insta a hablar sobre el tema, reconoce que en el pasado ha dado su apoyo a Podemos y al PSOE, asegurando que “hasta ahora a la izquierda, y lo seguiré haciendo… si puedo”. Evidentemente, como cualquier otro español está en su derecho de dejarse engañar por unos u otros; faltaría más.

Incluso los hay de su gremio, y los aledaños a este, que en su día formaron parte del más ferviente rojerío y ahora resulta que se autoperciben más azules que los pitufos. En cualquier caso, es indiferente a quien vote Fernando Tejero. A la mayoría de los españoles no la trae al pairo los ideales políticos de este señor. Lo que no es de rigor es que afirme sin pudor alguno sentir un miedo atroz a quedarse sin mamar de la teta gorda del estado.

En un momento de la entrevista comenta: “cuidado, cuidado en el momento en el que estamos, porque yo a veces hago teatro y te contrata el ayuntamiento y si nos gobiernan estos días algunos señores… pues igual no trabajo más”. Lo hace refiriéndose a unas declaraciones que supuestamente realizó Ivan Espinosa de los Monteros en torno a las subvenciones que percibe la industria audiovisual en nuestro país.

Tejero remataba el argumento expresando su miedo. Además lo hacía escenificando el momento como si de un film melodramático se tratara: “si algún día salimos nosotros (refiriéndose a dichas declaraciones) los actores nos íbamos a cagar porque se iban a acabar las subvenciones.” Una sensación, por otro lado, tan generalizada entre sus compañeros del sector, teniendo en cuenta el momento de decadencia por el que pasa muestro cine patrio desde hace ya bastantes años.

Y claro, tras escucharlo atentamente percibiendo ese pavor impostado en su inconfundible voz rasgada, me preguntaba para mis adentros: ¿cómo que te quedas sin trabajar?… será porque quieres Fernando de mi alma. Está claro que nadie le va a volver a ofrecer 150.000 euros (o ese afirma él mismo) por contar en televisión que es homosexual.

Sin embargo, la mano de obra en España está bajo mínimos y un tío tan predispuesto para el trabajo sería recibido con los brazos abiertos en casi cualquier negocio de nuestro extenso país para realizar mil y una tareas. El problema es que Tejero, como la mayor parte de compañeros de profesión, se creen en el derecho de que los ayuntamientos, comunidades autónomas y en última instancia el Ministerio de Cultura (o sea, usted y yo con nuestros impuestos), sigan financiando su dispendio cultureta, aunque este tenga casi siempre un balance negativo en lo económico.

De hecho ya expusimos los datos reales en “Premios Goya 2026: El escaparate woke de las causas selectivas”. Unas cifras verdaderamente de vergüenza, donde reciben millones de euros anuales que ni siquiera logran recaudar con la venta de entradas. Entiendo que a Fernando Tejero se la sude el balance económico final tras la realización de una de sus películas o serie. Y está en su derecho, faltaría más.

De igual modo él debería de dejar de soltar mamarrachadas a razón del miedo que siente porque la derecha tome el mando y no lo contrate nadie por sus ideales políticos, amén de que los ayuntamientos cierren el grifo de las subvenciones. En definitiva, el mismo cuento de siempre parapetado sigilosamente tras el argumento de los tristes acontecimientos acaecidos hace ya 90 años, con motivo de la Guerra Civil española.

Siguen instalados en la creencia de que por ser artista y gay esos que ellos denominan fascistas vendrán a hacerle la vida imposible o directamente a enterrarlo laboralmente en una cuneta metafórica. Este es básicamente el planteamiento mental que lleva en su cabeza gente como Fernando Tejero y que además usan de la manera más conveniente para seguir haciendo lo que mejor se les da en esta vida; chupar del bote.

Así que, como diría el personaje que lo lanzó al estrellato en la gran pantalla, “un poquito de por favor”, y a ser posible que gente como Tejero sigan expresando ese arte intrínseco que los caracteriza arriesgando lo suyo. No lo del asfixiado contribuyente al que nuestro gobierno ya no sabe cómo exprimir un poco más. Aunque quien sabe, igual Pedro Sánchez y sus socios de gobierno nos calzan algún otro impuesto nuevo con el que mantener la financiación a estos seres de luz y de paso, aliviar ese miedo atroz que parece atenazarles… a trabajar.

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