Una Mente Corriente

Maricarmen y su desahucio: una manipulación mediática de libro

A estas horas quien más y quien menos estará al tanto del desahucio de la “pobre” Maricarmen, esa señora de 87 años que, tras más de siete décadas viviendo en el mismo piso en el centro de Madrid, ha tenido que abandonarlo al hacerse efectiva la orden desahucio interpuesta por un juez.

Lo curioso del asunto (o no, según la visión de cada cual) es cómo una vez más la historia de esta persona, contada con medias verdades, les ha servido a los de siempre para lo único que les interesa; validar el relato. Ese mismo del que no se bajan independientemente de que por el camino se vulnere la ley, se mienta descaradamente o simplemente se instrumentalice a una mujer de 87 años medio senil y aprovechada a partes iguales.

En cualquier caso, como si de un mantra eterno se tratara, la progresía de salón vuelve a poner de manifiesto que vivimos en una república bananera donde las costuras sociales que la mantienen a flote se desintegran por momentos. Porque lo importante de todo este asunto no es la forma, sino el fondo, ese mismo que no pueden aceptar todos aquellos que se parapetan tras una ideología donde se defiende la ocupación ilegal antes que los derechos del propietario de dicho inmueble.

Los datos, los de verdad


Cada desalojo que se produce en España está rodeado de múltiples aspectos, legales, personales y económicos, y es por ello que ninguno es igual entre sí ni mucho menos se puede abordar el tema desde la misma óptica. En el caso de esta señora llevaba habitando en el inmueble 71 años aproximadamente gracias a un contrato de alquiler, firmado en 1956 por su padre, de los denominados en el argot inmobiliario “de renta antigua”.

El quid de toda la cuestión es que el contrato de alquiler originario, es decir, por el que su titular podría aprovecharse de este tipo de rentas no era Maricarmen, sino su progenitora. Sin embargo, en el año 2005 esta última fallecía y desde entonces la hoy desahuciada pagaba en torno a los 500 euros, una cifra completamente desactualizada respecto a las que se dan en viviendas de ese tipo en esa misma zona.

Si bien los anteriores propietarios del edificio aceptaron esta situación en los siguientes años, no ocurrió lo mismo a partir de 2018, momento en el que la empresa Urbagestión Desarrollo e Inversión se hacía con la totalidad del inmueble. Ya entonces le ofrecieron a la afectada renegociar el contrato, a lo que la interesada indudablemente se negó.

Entre otras cosas porque le solicitaban una cuantía mensual impagable para ella, pero calculada con base a los actuales precios de alquiler que se pagan dentro de este conocido distrito madrileño. Así que, tras seis años de litigios y cuatro intentos de lanzamiento, finalmente, Maricarmen ha sido desahuciada a pesar de la oposición de miles de manifestantes a las puertas del que hasta ahora había sido su domicilio.

Maricarmen tuvo toda una vida para evitar lo ocurrido


Dicho todo esto uno se pregunta las razones de porque una señora que trabajó durante toda una vida para la administración pública fue incapaz de adquirir un piso en propiedad a lo largo de la misma. Por si no lo saben, hubo un tiempo en el que cualquier ciudadano español que trabajaba y vivía honradamente estaba en disposición de comprar una casa, incluso, llegado el caso, hasta dos: una vivienda habitual y una segunda residencia vacacional.

Maricarmen, por los motivos que sea, no lo hizo. Debió pensar que viviría para los restos en aquel piso arrendado por su padre en a mediados de los años 50 del pasado siglo, sin que nadie tuviera potestad para impedirlo… Ni siquiera el dueño. Sin embargo, el tiempo no le ha dado la razón, para desgracia de ella y de todos aquellos que se creen en el derecho de disfrutar de los frutos del esfuerzo ajeno porque sí, porque esto es España y por ende podemos hacer lo que nos plazca sin que haya consecuencias.

De hecho en las últimas horas Maricarmen ha hecho unas declaraciones desde el hospital en el que sigue afirmando que “la han echado de su casa”. Parece seguir sin entender que no era suya; que esa vivienda donde ha estado viviendo los últimos 18 años de manera ilegal, tiene un dueño lícito que no es ella aún a pesar de que siga creyendo firmemente todo lo contrario, o aún peor, que se lo hayan hecho creer todos aquellos que, de un modo u otro, han sacado tajada de toda esta historia

“Los muñecos de la tele” dando espectáculo

El clímax del asunto llegó en las horas previas y durante el desahucio de Maricarmen, espacio de tiempo en el que personalidades del nivel de Irene Montero y Ana Belén se personaron en el domicilio de la afectada para mostrarle su apoyo. La primera al grito de “dejadme pasar, soy eurodiputada”; la segunda recitándole un poema de Alberti ante la cara de circunstancias de la anciana y los allí presentes. En resumen el más fiel reflejo del pan y circo al que nos vemos sometidos casi a diario.

Por la punta ni la una ni la otra se ofreció a alojar a Maricarmen, aunque fuera de manera eventual, en cualquiera de sus chalets de lujo a las afuera de Madrid. Ambas hicieron su papel (les va en el sueldo) y se marcharon por donde vinieron. Cosas tan arraigadas a esa izquierda caviar que alecciona al prójimo desde el pulpito, pero que bajo ningún concepto pone en práctica lo que predica.

El resumen de una situación dantesca

La realidad de todo este asunto es que Maricarmen jamás debería de haberse visto en una situación así a sus 87 años. Pero al igual que esta señora hay millones de personas en España que vienen sufriendo este panorama inmobiliario en los últimos años. Y no, la culpa no es de aquel que con su trabajo y esfuerzo ha comprado una o veintiuna viviendas; hay múltiples factores, todos ellos generados por los que están al mando, que han propiciado este escenario social y económico en el que mucha gente ya no es capaz de poder pagarse un techo.

Maricarmen solo es la punta visible, un caso más. Personas de todas las edades y condiciones sociales se ven en situaciones similares a la de esta y, sin embargo, no abren telediarios ni se convierten en portada de los periódicos más relevantes del país: ¿El motivo? No causan la misma pena y empatía que una señora senil de 87 años, por ende su caso no genera el rédito deseado por los encargados de agitar a las masas, demostrándose una vez más que vivimos en un enorme teatro donde solo somos marionetas al son de los que manejan el cotarro.

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