Una semana más el circo político al que llevamos abonados casi ocho años nos ha dejado múltiples titulares dignos de mención. También para recordar y nunca olvidar por qué tipo de gente estamos gobernados, aunque esto último va a ser más difícil a tenor de la limitada memoria democrática que posee nuestra sociedad. En cualquier caso la estrella del show, por orden y gracia de ella misma, ha sido María Jesús Montero, la “Chiqui” para sus amigos; “Mopongo” para los que no lo son tanto.
María Jesús Montero y su capacidad de hacernos imbéciles
Nada puede sorprendernos cuando la autoría provenga de nuestra querida María Jesús Montero: ya sea unas declaraciones, una de toma de decisiones o simplemente alguna de sus ocurrencias políticas. Lo mismo le promete a su fiel rebaño que prohibirá las listas de espera médicas cuando ella gobierne la Junta de Andalucía, que cataloga de accidente laboral el fallecimiento de dos guardias civiles el pasado sábado en Huelva mientras realizaban maniobras en una operación contra el narcotráfico que asola la zona.
Es indiferente el contexto, las formas (esas que no tiene) o el momento. Cuando uno carece de psicología emocional alguna y además le importa un carajo el hecho en sí, casi cualquier cosa puede salir de la esperpéntica retórica de Mopongo. En conjunto todo evidencia que estamos ante un sociópata ególatra de manual. Tan solo hay que verla y escucharla como habla de sí misma en tercera persona y se autocataloga como la mujer con más poder de la democracia reciente.
Se refería concretamente a ostentar de manera simultánea la vicepresidencia del gobierno y estar además al frente de ese órgano confiscatorio mediante técnicas mafiosas llamado Agencia Tributaria. Dicho esto, lejos de rectificar en sus declaraciones, días después salía por la tangente culpando a algunos de sus rivales políticos en la carrera hacia la presidencia de la Junta de Andalucía, y que tildaron de fuera de lugar su comentario, de malinterpretar y manipular lo que ella había expresado inicialmente.
Son ellos los que no entendieron lo que quería decir y/o transmitir. Ellos y media España. Una actitud muy común en nuestros políticos actuales que errando por partida doble, siempre es el de enfrente el que está equivocado en sus conclusiones. Pase lo que pase. Digan lo que digan. Esto es la consecuencia de tener a una panda de desalmados manejando los hilos institucionales de nuestro país.
Gente, en su mayoría, que ha hecho de la política su sustento (en el mejor de los casos), poniendo en entredicho valores otrora innegociables, como el decoro, el saber estar o simplemente mantener la boca cerrada en lugar de soltar sandeces cada vez que se tiene la ocasión. Los accidentes laborales de María Jesús Montero, son una más de esas tropelías a las que ya se ha acostumbrado un cuerpo de tal importancia como lo es la Guardia Civil.
Por si esto fuera poco el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska lejos de personarse en la zona y hacer acto de presencia en los funerales, prefirió hacer el paripé durante el desembarco del Hantavirus. No es de extrañar que fuera abucheado en el acto de jura de banderas de la 31ª promoción de cabos y guardias de la propia Guardia Civil, celebrado esta misma semana en Baeza (Jaén).
Sin tener muy claro cómo salir del atolladero, dijo estar dolido y rabioso por el fallecimiento de ambos agentes. Fíjense si lo estaba que apenas 24 horas después eludía personarse en una ceremonia similar celebrada en la Academia de Valdemoro en Madrid, no fuera ser que volviera a ser objeto de pitos e improperios por parte de los asistentes al acto. De hecho ningún representante del Ministerio de Interior estuvo presente en el evento.
Al parecer primaba asistir a la toma de posesión del nuevo jefe superior de la Policía Nacional de Baleares. Un completo sinsentido que viene a escenificar (una vez más), el extremo más putrílago y estomagante que jamás hayamos vivido en tiempos de Democracia. Como esta gente se cree por encima del bien y del mal y en el derecho reiterado de no asumir sus responsabilidades, apechugando además cuando les toca y dando la cara ante aquellos que están bajo su mando, como es el caso de Grande-Marlaska y la Guardia Civil.
La sentencia política de Mopongo
En cualquier caso solo nos queda el consuelo de que, muy probablemente, María Jesús Montero termine en el ostracismo político cuando el próximo domingo ella y el PSOE encajen el mayor batacazo electoral que haya sufrido hasta la fecha su corrupto partido en la Comunidad Andaluza. Quién sabe, igual ya tiene reservado el puesto en algún consejo de administración de una de esas empresas del IBEX 35 a las que unos y otros favorecen política y económicamente cuando ostentan la batuta de mando.
Otra opción es que termine con su ordinaria verborrea aburriendo hasta la extenuación a esa casta política que reina en el Parlamento de la Unión Europea vía un puesto Ad hoc. Todo es posible cuando en la misma coctelera tenemos al PSOE, a Mopongo y las élites políticas que controlan el cotarro. En cualquier caso, a estas alturas, sería un mal menor el tener que seguir pagándole un sueldo de por vida por el simple hecho de respirar.
Lo sería si con ello se mantiene alejada de nuestras instituciones, sin la capacidad de ejercer ese enorme poder que decía tener y ha perdido al postularse para el cargo presidenta de los andaluces, aunque a decir verdad ella no haya decidio nada. Algo similar podría ocurrir con el ministro Marlaska ese que siente rabia y dice estar del lado de los buenos, aunque no demuestre ni una cosa ni la otra con lo que dice y aún menos con aquello que generalmente termina haciendo.