Da igual donde acontezca y el contexto geopolítico de la misma; cualquier guerra que se libre en el planeta (como la actual contienda que tiene lugar en este momento en Irán) terminamos pagándola el conjunto de los ciudadanos de una manera u otra. Ya sea en términos económicos, sociales o políticos, usted y yo seremos siempre perjudicados de múltiples maneras. Así que uno se pregunta, siempre que estalla un conflicto bélico, cuáles son las causas reales de tal acción militar, pero sobre todo quien termina beneficiándose del mismo.
La guerra de Irán, el precio de los combustibles y lo que está por venir
En estos días más de uno estará rezando en arameo viendo como a diario sube el precio de la gasolina más rápido que el carburante sale del propio surtidor. “La guerra de Irán, es por la guerra de Irán”, le habrá espetado ya su cuñado experto en estos temas. Y sí, la invasión de Irán por parte de Estados Unidos es una de las causas por las que el precio de esta fuente de energía está en alza, pero también muchas otras de índole varia que se escapan del conocimiento general de la mayoría de nosotros.
Por ejemplo, parece obviarse que el porcentaje de petróleo y gas natural que consumimos en España y que llega vía el estrecho de Ormuz es de apenas el 5% y el 3% respectivamente. Si lo extrapolamos a nivel mundial hablamos del 20% del total de las exportaciones. Sin embargo, el precio de ambas materias primas se ha disparado en apenas unos días.
Por otro lado, España tiene almacenado 5,5 millones de m³ de reservas petrolíferas, suficientes para abastecer el país por un periodo aproximado de 45 días. Así que uno se pregunta cuál es el motivo por el cual no se empieza a hacer uso de ellas hasta que la situación militar y geopolítica se estabilice, repercutiendo el encarecimiento del petróleo lo mínimo posible en el bolsillo de los ciudadanos.
Un servidor no tiene la respuesta, aunque quizás tenga algo que ver nuestra actual dependencia del petróleo y gas natural estadounidense desde el inicio de la guerra de Ucrania y la disminución de las relaciones comerciales con Rusia. También a que Estados Unidos, en un atentado de falsa bandera, destruyera el gasoducto Nord Stream ubicado en el mar Báltico y por el cual se trasegaba gas natural desde Rusia hasta Greifswald en Alemania.
La finalidad está clara en todas estas acciones: beneficiar los intereses estadounidenses a costa de perjudicar los europeos. Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial y posterior consolidación de la OTAN, Europa no ha sido más que una marioneta en manos de los yanquis. Hemos delegado aspectos básicos como nuestra defensa militar, necesidades energéticas y soberanía alimentaria a los intereses norteamericanos.
Luego nadie puede extrañarse cuando le suben el precio de los carburantes más de 20 céntimos el litro en menos de una semana. Pero esto es extrapolable a cualquier ámbito de la economía actual. Los alimentos, la vivienda, servicios de todo tipo, todo es escandalosamente más caro de un tiempo a esta parte. Fruto, entre otras cosas de la citada irrelevancia europea y como consecuencia directa de estar subyugados a los intereses de terceros.
Pero esto es solamente la punta de un grotesco dispendio general donde política y sentido común hace mucho tiempo que dejaron de transitar el mismo camino. Ahora impera la “ley del más fuerte”. Lejos quedan ya los tratados internacionales, las buenas conductas y los golpecitos en la espalda de unos y otros como muestra de buen hacer y colaboración. Al final la guerra de Irán no es más que un síntoma de la decadencia occidental a la que asistimos desde hace décadas, producida principalmente por la emisión de deuda descontrolada.
En otras palabras; toca pagar la factura de la fiesta y el matón del patio, o sea, Estados Unidos, busca como adueñarse de las materias primas y riquezas de aquellos países donde estas abundan. Lo hizo con Irak y recientemente con Venezuela y ahora vuelve a repetir su modus operandi con Irán. Bajo la falsa bandera de ofrecerles un mundo de libertades a los ciudadanos del país invadido, terminan haciéndose con el control de dichas naciones. Y si, no cabe duda que los gobiernos que hasta ahora estaban al frente de las mismas coartaban los derechos más fundamentales del pueblo.
Una cosa no quita la otra, pero no podemos negar el trasfondo legal de todo ello y como, finalmente, es el grueso de la sociedad occidental quien paga el costo de todas estas operaciones militares vía impuestos. Además, si para financiar las cruzadas armamentísticas de Donald Trump hay que subir los carburantes en medio mundo, se hace. Faltaría más.
Mientras tanto Pedro Sánchez, nuestro amado líder sale una mañana, hablándole a un plasma en una sala vacía, asegurando que España no contribuirá en las operaciones militares de Estados Unidos en la Guerra de Irán. Imaginaos el júbilo entre las Charos podemitas, independentistas radicales y ex etarras de traje y corbata que siguen apuntalando el gobierno socialista actual. Bajo el lema “No a la guerra” unos y otros se daban como vencedores de esta batalla.
Sin embargo, todos somos ya conocedores de esos cambios de opinión de “Antonio” que un día dice una cosa y al siguiente justo la contraria. Incluso, llegado el caso, suele variar su criterio en apenas unas horas, según le convenga para sus intereses partidistas. La cuestión es que finalmente España mandará tropas a diferentes puntos calientes del conflicto para “salvaguardar los interese de la Unión Europea”. Lo que parece obviar el presidente es que esos mismos intereses que dice defender son exactamente los mismos de los que se aprovecha la administración Trump para llevar a cabo sus operaciones militares en Irán.
Conclusión:
En definitiva los precios de los carburantes y por ende de casi cualquier cosa, seguirán subiendo en los próximos días y semanas. No sabemos cuándo la cosa regresará a su cauce y volveremos a disfrutar de nuestro estatus de curritos cada vez más alejados de esa anhelada clase media que un día fuimos. Mientras que eso sucede pueden seguir creyendo que Trump es el salvador del mundo; que Pedro Sánchez es un pacifista de manual o que la culpa de todo esto la tiene el sionismo internacional.
La realidad es que somos meras marionetas en un escenario donde el decorado lo ponen y lo quitan otros a su antojo, mientras que nosotros intentamos sobrevivir en un mundo que cada vez se parece más a una jungla y menos a un lugar habitado por supuestos seres racionales. Ese mismo donde las guerras, como la de Irán, la pagamos todos y cada uno de nosotros convirtiéndonos por el camino en ciudadanos más pobres, económica y moralmente.