Escuchaba recientemente las canciones que conforman el último disco de Alejandro Sanz y, de manera casi instintiva, se me venía a la cabeza una idea tras valorar con tranquilidad el nuevo trabajo del artista madrileño; el talento, como todo en la vida, se gasta. Hace unos 30 años que soy seguidor del cantautor español y aún resuenan en mi cabeza, como si fuera ayer, los temas de su álbum «3» en aquel verano de 1996 durante el que fue mi viaje de estudios al finalizar la E.G.B.
Entonces aquellas canciones se convirtieron en parte de una vida, la mía. En ellas veía reflejadas, al igual que millones de personas dentro y fuera de España, muchas de las cosas que acontecían en mí día a día. Vaya, me sentía plenamente identificado y en sintonía con lo que aquel chaval veinteañero era lograr de expresar mediante letras y música con un marcado estilo que terminó convirtiéndose en su propio sello profesional. En definitiva, un idilio artístico que fue pleno y constante hasta bien entrada la década de los 2000.
Alejandro Sanz no tiene la culpa: el talento se gasta
Sin embargo, posterior a estos años el bueno de Alejandro, consciente de su éxito y trascendencia a nivel internacional, bajó peligrosamente el listón cualitativa y cuantitativamente. Al punto que hubo momentos que pareciera más un avenido más a ese submundo musical donde el reggaetón y ritmos latinos sacados de bases instrumentales puramente artificiales fueran los ingredientes armónicos de todas y cada una de sus canciones. De la parte escrita, literaria, sus letras, mejor no hablamos.
Indudablemente, habrá fans incondicionales de Alejandro Sanz que en este momento piensen que soy una especie de hater renegado y ruin que critica sin fundamento la obra actual del madrileño. Me es indiferente. Lo que intento expresar en estas líneas es como el talento e inspiración, en cualquier faceta de la vida, también termina por desgastarse. Y en este contexto Alejandro Sanz es un buen ejemplo de ello. Entre otras cosas porque ha vivido (y aún lo hace) impregnado por las mieles del éxito profesional.
Las comparaciones son odiosas
Otra cosa bien distinta es que, tras los focos, esa tendencia positiva se mantenga. Quizás por ello, fruto de innumerables cuestiones, uno termina exhausto y sin nada a lo que agarrarse para mantenerse al pie del cañón. Hay quien capea el temporal como puede llevando al límite sus capacidades para dar lo mejor de sí en cada momento. Porque que nadie se confunda; esto no va de gustos musicales, simpatías, o desavenencias con nadie. Solamente de comparar un antes y un después profesionalmente hablando.
Y si, lo sé, las comparaciones son odiosas, pero es que sin ellas, la mayoría de veces, es imposible ponerle contexto a casi cualquier aspecto cotidiano en el que nos vemos envueltos. Tanto es así que, recientemente, tras leer una composición literaria que realicé hace unos años, solamente haciendo uso de los títulos de las canciones de algunos de sus álbumes más importantes, pude constatar como hasta en eso hay una clara bajada de calidad en sus últimos trabajos.
Si no me creen por aquí les dejo el citado texto, y cada cual que saque sus conclusiones…
«Todo giraba alrededor de un Universo de pequeñas cosas donde el Alma al aire bailaba buscando un Camino de rosas que nunca llegaba. Y aunque No es lo mismo venir Pisando fuerte que ser un simple Aprendiz, me di A la primera persona que me supo comprender, preguntándome… ¿Y si fuera ella?, sin más expectativas que la de que estuviera a mi lado.
Sin embargo, Cuando nadie me ve, he descubierto que que solo soy Un Zombie a la intemperie, con un Corazón partido harto de luchar a pesar de haber encontrado en Un charquito de estrellas a Mi marciana venida de otro planeta. En aquel mismo lugar donde Siempre es de noche y casi Todo sigue igual de imperturbable al pasar del tiempo.
Quizás es Este amor quien logra que siempre esté Viviendo deprisa dejando fluir los sentidos más allá de Ese último momento. Y ahora que vuelvo a limpiar la arena del mar que quedó impresa En la planta de tus pies, creyendo por momentos que Eres mía, recordé de repente como Se me olvidó todo al verte en ese preciso momento que supe de ti por primera vez.
Y sí, lo sé; Hicimos un trato, donde yo guardaría para siempre todo Aquello que me diste, dentro de ese baúl imaginario de los recuerdos escondido entre Mi Soledad y yo, mientras tú serías la encargada de iluminar mis pasos tras El escaparate imaginario de un mundo sin fin al son de Mi primera canción. Así que, Amiga mía, te lo Diré bajito mientras observamos juntos un oscuro mar al que por momentos pareciera que Se le apagó la luz:
No me compares con nada ni con nadie; Te lo agradezco, pero no. Simplemente porque No es lo mismo ni existe nada como La fuerza del corazón que mueve los designios de Este pobre mortal. Esa misma que solamente emerge de mi interior Si tú me miras, mientras me imagino terminar andando Los dos cogidos de la mano y no volver a pelearme nunca más A golpes con el calendario, esperando a que decidas quedarte junto a mí.
Y me da igual que estés Completamente loca o que el mundo se quede en un eterno Silencio, sin más sonido que una Canción Sin Emoción. Solo sé que Te quiero y te temo más allá de Donde convergemos y la vida se bate en Duelo al amanecer. Que haces aflorar en mí a Mi Peter Punk más canalla Para que me quieras por siempre, y entiendas de una vez por todas que, si así lo deseas, Nuestro amor será leyenda.
Lo sé, Tú no tienes la culpa, pero no me negarás que Tiene que ser pecado la forma en Cómo te echo de menos mientras el mundo se abre bajo mis pies. Y mientras Me sumerjo en mis recuerdos y le cuelgo a mi alma el cartel de Se vende, abro mis ojos y siento que He sido tan feliz contigo percibiendo por momentos que Todo huele a ti. Y lo hago recordando una y otra vez que yo solo Quiero morir en tu veneno a pesar de que ahí fuera Hoy llueve, hoy duele mientras cierro los ojos por siempre abrazado a ti…»