Una Mente Corriente

El cambio climático, la excusa perfecta para incendiar España

España arde por los cuatro costados y lejos de ofrecer soluciones reales y eficientes a un desastre de tales magnitudes, nuestros políticos se han agarrado al conocido comodín del cambio climático intentando así justificar su inoperancia, ineptitud y amoralidad manifiesta. Nada nuevo bajo el sol, si en la misma ecuación tenemos incluidos a esta gentuza, una situación de emergencia nacional e intereses cruzados de diferente índole y propósito.

El “timodín” del cambio climático está dejando de funcionarles

Cuando uno observa indignado la trágica situación a la que se enfrentan estos días miles de españoles, viendo como arden sus casas, mueren seres queridos y en definitiva se les pone la vida patas arriba, empiezas a cuestionarte seriamente la labor y propia razón de ser de la política y sus integrantes. Más aún cuando a estos últimos les importa un carajo todo lo anterior.

Para colmo, además de poner de manifiesto una vez más su característica inoperancia, atribuyen la situación al famoso cambio climático. No les queda otra; su condición de fieles siervos de los poderes supranacionales, que a su vez controlan la cuestionable Unión Europea, fundamentan su discurso, pero sobre todo sus intereses en la ya conocida Agenda 2030.

Es precisamente el timo climático uno de los principales pilares sobre los que esta se sustenta. Quizás por ello llevan décadas intentado por activa y por pasiva hacer calar hondo este conocido mantra ideológico. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, son cada vez más los europeos concienciados de la falta de objetividad del asunto. Ya ni hablamos de la opinión contrastada de miles de expertos en la materia y, muy importante, no financiados por esta gente, poniendo claramente entredicho el discurso oficial.

España convertida en un gigantesco parque solar

Desde que España empezó a formar parte de la CEE, sus mandamases tenían un plan esquematizado y bien orquestado para el futuro de nuestro país, al igual que el del resto de naciones integrantes de la entidad. Este pasaba desde un inicio por la desindustrialización al completo de nuestros sectores en auge, como la siderurgia o la industria del motor. Posteriormente, se centraron en eliminar actividades primarias como la pesca, favoreciendo de paso los intereses de países vecinos como Marruecos.

En la actualidad el objetivo es aniquilar nuestra independencia alimentaria, haciendo desaparecer la agricultura y ganadería para posteriormente reconvertir esos mismos terrenos empleados para estas labores, en extensos parques solares y/o eólicos. No se esconden a la hora de promulgar sus intenciones. De hecho, el pasado mes de enero, Elon Musk y Larry Fink, cofundador, presidente y director ejecutivo de BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo, conversaban distendidamente sobre el futuro de España a este respecto en el conocido Foro Económico de Davos:

“Podrías tomar áreas relativamente despobladas de España o Sicilia y generar toda la electricidad que Europa necesita”, afirmaba el mandamás de SpaceX. Escuchando a estos dos es inevitable pensar que los fuegos que en estos días mantienen en vilo a medio país, hayan sido provocados y no consecuencia del cambio climático. Como colofón a toda esta historia esta misma semana el gobierno declaraba “instalaciones energéticas estratégicas los proyectos adjudicatarios de los procedimientos en nudos de transición justa”, o lo que es lo mismo, la condición de “proyectos energéticos preferentes”.

Esto se traduce en “la tramitación de urgencia de sus procedimientos y una atención prioritaria de las administraciones”. Solo el tiempo confirmará si en parte de esos terrenos devastados por las llamas terminan siendo el lugar donde se desarrollen los citados “proyectos energéticos preferentes”. En cualquier caso no es la primera vez (ni mucho menos la última) en la que políticos y grandes corporaciones empresariales emplean artimañas poco éticas con este fin. La expropiación de zonas de cultivo en Jaén para la construcción de parques solares es un buen ejemplo de ello.

Burocracia, la cerilla encargada de prenderlo todo

Teorías “conspiranoicas” aparte, hay un tema más sangrante si cabe en todo este asunto; la exasperante burocracia. Esa misma que ahuyenta a cualquiera que quiera mantener limpio el monte. Las normativas en torno al desbroce y mantenimiento de zonas naturales son cuanto menos farragosas, por no decir directamente un verdadero infierno burocrático en el que muchos desechan la idea ni tan siquiera de entrar.

Años, quizás décadas, de dejadez institucional son las que nos han traído hasta aquí. Si nadie se ocupa de mantener, conservar y preservar el entorno rural ¿cómo podemos sorprendernos de que en los últimos tres años hayan ardido cientos de miles de hectáreas de monte?… Esto es simplemente la consecuencia de la ya citada inoperancia e ineptitud de las autoridades competentes en la materia.

El culmen de este despropósito llega en forma de normativas, prohibiciones, procedimientos, tiempos y demás formas jurídicas y legales que hacen casi imposible proceder de la manera adecuada. No según el criterio de la administración pública, sino bajo el razonamiento de aquellos que entienden de la materia, esos mismos que deberían tener potestad para aplicar un plan de actuación acorde con nuestras necesidades en la materia.

Pero claro, volvemos a lo de siempre, a aquello que tan bien les ha funcionado hasta ahora a esta panda de hijos de puta; crear problemas que no existen para ofrecernos soluciones que nadie necesita ni ha pedido ¿les suena? Hablamos de un problema enquistado hasta la médula en nuestro modelo social y político, donde la burocracia se ha convertido en una excelente herramienta con la que unos pocos se enriquecen a costa del empobrecimiento general de la población.

El colmo es que además, por el camino, nos estamos quedando sin montes, sin parques naturales, sin campos de cultivo y la capacidad de ser autosuficientes. Bajo el lema “No tendrás nada y serás feliz”, esta gente tiene claro cuál es su objetivo final en toda esta historia y por ende el destino de la mayoría de nosotros. Y si para ello hay que hacer arder España, lo seguirán haciendo bajo el conocido lema “el fin justo a los medios”.

Sin embargo, en un resquicio de esperanza y mientras las llamas devoran cientos de miles de hectáreas, el despertar de mucha gente parece estar llegando. Cada vez son menos los que secunda el discurso oficial ni se dejan embaucar por mantras ideológicos como el del cambio climático. También crece de manera exponencial el número de personas que han entendido finalmente el mecanismo general empleado por políticos y grandes corporaciones en favor de su propio beneficio. Quizás los incendios de este verano sean la chispa que muchos necesitaban para quitarse el pañuelo de los ojos de una vez por todas.

En cualquier caso, una cosa es irrebatible a estas alturas de la película: vamos dirección a un enorme precipicio estructural sin precedentes para muchos de nosotros, tanto en materia social, como económica. No sabemos si terminaremos siendo la central energética de Europa, el mejor país del mundo para pegarse la fiesta o simplemente unos parias subsidiados por Papá Estado sin voz ni voto, aunque muchos sigan creyendo que echar una papeleta cada cuatro años es igual a vivir en una democracia… El chiste se cuenta solo.

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