Cajón de sastre

Reflexiones de un ateo casi exento de fe

No me pregunten el porqué. Quizás el ser un ateo de casi pleno convencimiento sea fruto de la educación que recibí en la infancia. También es probable que con el pasar de los años haya constatado en primera persona que no es posible que exista ningún Dios al uso. No al menos como la mayoría de los mortales lo tienen idealizado en el imaginario colectivo. Y esta creencia nace precisamente de haber visto sufrir a personas buenas en momentos y situaciones que, de existir un ente de tal magnitud, jamás permitiría que sucedieran.

Así que sintiéndolo mucho (o no) no hay fe alguna a la que pueda amarrarme cuando siento que el barco se hunde bajo mis pies. Da igual de la forma que no lo expongan todas y cada una de las religiones que hacen uso de su Dios particular. También me es indiferente las historias gestadas por los siglos de los siglos (amén) en torno a este asunto tan trascendental para buena parte de los humanos.