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Una cuestión de prioridades

Hace un tiempo, me vi envuelto en una conversación en torno a las prioridades que cada uno de nosotros aplicamos en el devenir continuo de nuestras vidas en general, como consecuencia directa de nuestra manera particular de proceder. En un momento de la charla, uno de los participantes me tachó de “ser poco ambicioso” a lo que yo le contesté en forma de pregunta sobre ¿qué significaba para él poseer esas ambiciones de las que me acusaba carecer?

Su respuesta se centró fundamentalmente en aspectos meramente económicos, ya fuera vía un trabajo mejor remunerado al que actualmente tengo, montar un negocio propio o adquirir bienes de diferente tipo a modo de inversión. Cuando le dije que inicialmente no estaba interesado en ninguna de esas cosas, terminó espetándome un “si no te digo yo que tú de ambiciones andas escaso”

Las ambiciones y las prioridades no suelen ser lo mismo

Tras el entretenido debate, me paré a pensar como la mayor parte de las personas sí que atesoramos una serie de ambiciones e ideales que, por lo general, terminan diluyéndose con el pasar de los años. Esto suele ocurrir principalmente fruto de un mayor nivel de experiencia, así como la vivencia de hechos que terminan por marcarte para siempre.

Luego los hay como el susodicho con el que conversaba, que ni siente ni padece por casi nada ni casi nadie. O ese mismo me llegó a confesar él mismo mientras me tachaba de su lista particular de “gente ambiciosamente admirable”. Algo muy loable, por otro lado, sin con ello logras alcanzar tu propia felicidad, siempre y cuando no perjudiques a terceros durante el proceso.

Sin embargo, en el equilibrio se suele encontrar la virtud y es ahí precisamente donde algunos aparcan indefinidamente las prioridades, las que de verdad son importantes, para darle rienda suelta a sus ambiciones. Por lo general, esta manera de enfocarse vitalmente suele desencadenar en diferentes tipos de consecuencia que terminan afectando de manera directa a nuestra convivencia personal y familiar.

Porque claro, si uno se pega la mayor parte de su tiempo dedicado en cuerpo y alma a eso de materializar todo aquello que ambiciona, generalmente, termina dejando de lado otros ámbitos de la vida que suelen ser mucho más importantes que la consecución de dichos objetivos.

El problema es que la mayor parte de las personas no solemos ser capaces de atisbar el sentido verdadero de este hecho tan trascendental, y terminamos arrepintiéndonos de una manera u otra tarde o temprano. Un ejemplo que ratifica esta conducta se da, además de una manera muy especial y directa, cuando perdemos a alguien importante para nosotros. Una de esas personas que formaba parte de nuestro círculo más cercano.

Quien ha pasado por una situación así sabe a la perfección lo que uno puede llegar a pensar, sentir y experimentar en su interior ante un momento de tanta relevancia emocional como el que se produce frente a un evento vital de este tipo. Es entonces cuando normalmente el sentimiento de culpa nos invade, adueñándose de la razón de una manera aireada y condenatoria a partes iguales.

Llegan hasta nuestra memoria escenas, lugares y vivencias de las que somos conscientes que jamás se volverán a repetir. No al menos en compañía de aquel ser querido del que acabamos de despedirnos. De algún modo, el pasar por un trance de esa envergadura nos hace replantearnos de manera total nuestras prioridades, dejando a un lado las ambiciones, o al menos mandándolas a cajón de las cuestiones secundarias.

El punto de vista sobre la vida en general se invierte 180º para ofrecernos una visión clara sobre lo que es y lo que no, verdaderamente importante. Porque una cosa está clara, tenemos fecha de caducidad, y eso no es negociable. Da igual el grado de ambición que poseamos y aquellas metas que intentemos alcanzar a lo largo de nuestra vida.

Uno debería de preguntarse en todo en momento si aquellos pasos que damos intentando convertir nuestras quimeras en realidades, contienen el aporte necesario para que las prioridades sigan siendo la piedra angular sobre la que rota nuestra existencia. De lo contrario, es muy posible que estemos traicionándonos a nosotros mismos, aunque inicialmente no seamos capaces de constatarlo, como ya hemos comentado anteriormente.

Eso es precisamente lo que comentaba con un amigo hace apenas unos días, cuando hablando en plan mofa sobre el reciente artículo relacionado con las necesidades vitales de “la Pedroche” terminábamos comentando este tema a razón de los hijos y lo que uno puede llegar a hacer por ellos. Es precisamente en este punto donde este me confesaba que la noche anterior había terminado cerca de las una de la madrugada de fabricarle a su hija unos elfos de Navidad, siendo consciente de la ilusión que le hacen fruto de su inocencia de niña.

Lo hacía con el total convencimiento de que posiblemente estas fueran las últimas Navidades en las que podría disfrutar de estas cosas, ya que la “zagala” se le hacía mayor a pasos agigantados. Terminábamos concluyendo precisamente que esto son parte de esas prioridades que uno no puede ni debe negociar. Falte para lo que falte.

Porque sí, hay que trabajar y encargarse de todas aquellas responsabilidades (escogidas e impuestas), intentando por el camino alcanzar nuestras metas, mientras nos autorrealizamos en mayor o menor medida. Sin embargo, uno no puede descuidar lo verdaderamente importante, aquello que es la esencia misma de nuestros días y el sentido real de estos. Ya sean tus hijos, tus padres, hermanos, amigos, mascotas… Da igual.

Si verdaderamente queremos descubrir aquello que está por encima de cualquier otra cosa para nosotros, solo hay que mirar dentro y hallaremos la respuesta. Jose Manuel lo tiene claro, y a buen seguro seguiría fabricando elfos de cartón, junto a su mujer, el resto de sus vidas. Simplemente, porque la alegría de un hijo vale más que todo el dinero del mundo, aunque algunos no lo entiendan y se empeñen en autoconvencerse poniendo las ambiciones en su escala de valores, por encima de las prioridades. O lo que es lo mismo: Lo que verdaderamente importa.

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