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Infelicidad

"Los hombres no lloran, eso es de cobardes"
Filosofía de bolsillo

«Los hombres no lloran, eso es de cobardes»

Hace apenas unos días descubría cómo una de esas personas a las que aprecio y quiero pasaba por un momento personal y anímico complicado. Quizás su predispuesta voluntad de hierro, intentando cargar sobre sus hombros todo aquello que la vida parece encomendarle, haya terminado minando su fuero interno, viéndose ante una realidad espiritual y mental de esas que cada vez más personas sufrimos en algún momento a lo largo de nuestra vida sin motivos aparentes.

Posteriormente, meditando sobre el tema en cuestión, intentaba deducir cómo por momentos pareciera que toda nuestra existencia se fuera a derrumbar de una manera trágica e irreversible a consecuencia de las vicisitudes que se nos van presentando, fruto de nuestra cotidianidad. Y da igual que a ojos de todos seamos unos afortunados que supuestamente lo tienen todo y por ende debiéramos sentirnos (casi obligados), a priori, las personas más felices sobre la faz de la tierra.

El exceso de positivismo, y sus consecuencias, en nuestra sociedad actual (Parte I)
Filosofía de bolsillo

El exceso de positivismo, y sus consecuencias, en nuestra sociedad actual (Parte I)

Dice nuestro certero refranero español que “el querer es poder” y es probable que no le falta razón en según qué cuestiones, aunque quizás esta afirmación debería de analizarse en profundidad desde la engañosa óptica del positivismo, o mejor dicho, del exceso de este mismo. Y no, no es casualidad que gran parte de la población lleve años impregnada por este sentimiento manifiesto de que cualquiera, de quererlo, puede conseguir todo aquello que se proponga sin más esfuerzo que desearlo. Planteamiento, por otro lado, totalmente erróneo y destructivo para todo aquel que intente aplicarlo en forma y modo.

No es nuevo eso de escuchar, en boca de vendehúmos profesionales, eslóganes carentes de fundamento donde pareciera que vivimos en un jardín de rosas perpetuo y que nuestra única misión en esta vida sea la de intentar alcanzar nuestros sueños. Además, generalmente, quienes incitan a la población a seguir este tipo de conductas se les suele olvidar (intencionadamente) que, para poder lograr nuestro propósito, en cualquier ámbito de la vida, es preciso activar una serie de mecanismos en el sujeto que suelen resultar proporcionalmente directos con el nivel de éxito final de los objetivos marcados.

Cuando la soga que solo apretaba termina por ahogarte
Actualidad

Cuando la soga que solo apretaba termina por ahogarnos

—Se suicidó. Se lo encontraron colgado de un puente de los que cruzan el tramo ferroviario en una de las carreteras de servicio que hay en la zona…

Asi me relataba un amigo de toda la vida, hace ya un tiempo, como el regente de uno de los bares de la zona que frecuento en ocasiones había decidido poner fin a su vida. Los motivos solo los sabía él y supongo que sus seres queridos los intuirían o terminarían desgranándolo tras el terrible final. El desconsuelo, sin embargo, tras un hecho de esta magnitud, casi nadie sabe cómo gestionarlo sin que este te pase factura de manera severa desde ese preciso momento.

Vendedores de humo
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Vendedores de humo

En los últimos tiempos me ha dado por ver videos en YouTube de muchas y variadas temáticas. Sigo canales dedicados a los automóviles clásicos, una de mis grandes aficiones, otros de motocicletas, mi otra gran pasión y sector con el que me gano la vida, e incluso referidos a economía, opinión política o cocina.

En definitiva, un popurrí variado en el que a veces me sumerjo y paso el rato entretenido, en ocasiones por demasiado tiempo, aunque supongo que esa es la intención final de sus creadores, la de mantenerte ahí enganchado, además indudablemente de la de ganar pasta.

Falsas Expectativas, infelicidad constante
Filosofía de bolsillo

Falsas Expectativas, infelicidad constante

Dándole vueltas a mi cabeza, esa que no deja de reconfigurar mis ideas y principios de manera constante, pensaba el otro día en el hecho de que de nos pasamos toda la vida queriendo lo que no tenemos, anhelando aquello que ya pasó. Buscando caminos alternativos para intentar alcanzar lo más rápido posible una meta idealizada, a la que por lo general no solemos llegar. Sintiéndonos insatisfechos de manera continua y envidiando a todo aquel que nos rodea. Ya sea por el coche que tiene, la mujer con la que está casado, o el marido; la casa donde vive o el lugar donde viaja en sus vacaciones. En definitiva, perdemos nuestro tiempo, y por ende nuestra vida, en crearnos falsas expectativas, que en la mayoría de los casos jamás se cumplirán.

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