En estas últimas semanas se ha convertido en un fenómeno viral el nuevo libro de Juan Soto Ivars, “Esto no existe”. Una obra en la que el escritor, periodista y tertuliano aguileño aborda con sólidos argumentos la esperpéntica situación actual que viven miles de hombres como consecuencia de las denuncias falsas interpuestas por sus ex parejas. Como era de imaginar la publicación de esta obra, no ha sentado nada bien a aquellos que llevan décadas montados en la ola de ese lucrativo chiringuito llamado feminismo.
“Esto no existe”: Dato mata relato
A estas alturas de la película, teniendo en cuenta en manos de quién estamos, pero sobre todo entendiendo la configuración que sustenta este corrupto e irracional sistema, nadie puede sorprenderse ya cuando, en pleno siglo XXI, la censura está más de actualidad que nunca. El entramado que forman los partidos políticos, así como aquellas entidades regadas con dinero público, vía estos primeros, son precisamente los encargados de promover y organizar los escraches sufridos recientemente por Soto Ivars cuando se disponía a presentar su nuevo libro “Esto no existe” en diversos puntos de la geografía española
Como si de un aquelarre del medievo se tratara, esas que se hacen llamar feministas han irrumpido en varios de estos lugares a recordarle al escritor murciano lo fascista, homófobo y retrógrado, que es, según su propio criterio. Por supuesto, amparándose en la manida libertad de expresión, la misma que parece no tener Ivars para exponer su opinión sobre ese oscuro tabú que suponen las denuncias falsas y lo rentable que pueden llegar a ser para el feminismo actual.
Con respecto a este asunto he tenido la suerte y oportunidad de comprobar en primera persona, tras tratar directamente el tema con dos abogados de oficio destinados a sendos juzgados de guardia de VioGen (un hombre y una mujer), como buena parte de las denuncias por malos tratos formuladas por mujeres en dichas dependencias judiciales son archivadas por falta de pruebas o directamente desestimadas por no sostenerse la versión de los hechos emitida por la víctima.
Sin embargo, tal y como funciona actualmente el sistema encargado de contabilizar estas denuncias, cada vez que una mujer se persona en un juzgado para denunciar a su pareja exponiendo hechos directamente relacionados con la ley de violencia de género, sean o no ciertos, el trámite pasa automáticamente a formar parte de la estadística oficial. Indudablemente, estos datos son aprovechados por los diferentes partidos políticos y medios de información para sustentar la versión oficial del asunto.
Precisamente este es el tema que aborda Soto Ivars en “Esto no existe” cuando explica en la sinopsis del mismo como “la sociedad ha respondido siempre con un «Esto no existe» a cada denuncia falsa que estas mujeres han utilizado como arma arrojadiza.” Ante esta situación “hay quien dice que es mejor no hablar de esto. Pero no se hace daño diciendo la verdad, sino callando”, aclara el periodista.
Poniendo en contexto la situación pasada y actual detalla que “si ayer se callaba sobre la vida oculta y martirizante de las mujeres maltratadas y encerradas con un bestia, hoy se calla sobre la vida oculta y martirizante de los hombres enganchados en los resortes puntiagudos de un mecanismo de protección empleado como trampa mortal.” Sentencia dejando muy claro cuál ha sido el resultado final de todo experimento social:
“Es un fracaso palmario de un país en su lucha por la igualdad. Se ha tachado de «negacionista» a quien mencionaba este fenómeno y se ha impuesto una espiral de silencio.” El planteamiento de Juan no solo no niega que haya violencia de género, sino que aboga por una reforma profunda de las actuales leyes para una mayor protección de las mujeres que realmente se vean afectadas por conductas violentas por parte de sus parejas.
De igual modo, se precisan mecanismos que detecten y sancionen a aquellas que, amparándose en la ley de VioGen, formulen denuncias falsas contra sus parejas. Las mismas que, aprovechándose del escudo social que proporciona la ley actual, así como la retórica estatal de los partidos políticos afines a esta ideología, destruyen por completo la vida de hombres totalmente inocentes que jamás fueron violentos con ellas.
Más allá del propio libro, una vez más, vuelve a ponerse de manifiesto el extremo polarizado al que hemos llegado en el que, según que opiniones críticas con la versión oficial, tratan de ser silenciadas por la maquinaria que conforma el estado. Como paradoja de todo esto se da el hecho de que esas mismas técnicas hitlerianas de manipulación y censura son financiadas con los impuestos de todos aquellos afectados, convertidos en víctimas de las citadas denuncias falsas.
Una situación dantesca que por momentos pareciera sacada de una de las famosas novelas distópicas, obra de los visionarios George Orwell y Aldous Huxley. Ejemplos de lo que estamos tratando no nos faltan, incluyendo a aquellas que incluso llegan a extorsionar a su pareja exigiéndoles grandes sumas de dinero a cambio de no ir a interponer una denuncia falsa por malos tratos (que se lo pregunten a Ilia Topuria).
Luego tenemos a toda una referente en estos menesteres, Juana Rivas. La granadina supuso un filón social y mediático para todas aquellas organizaciones al socaire de los fondos públicos subvencionados desde el Ministerio de Igualdad. Su actitud nos ha demostrado de manera reiterada y fehaciente una realidad funesta y mezquina cuando en la misma ecuación metemos feminismo, ley de violencia de género y una panda de descerebrados viviendo a costa de todo ello.
Y daba igual que por medio hubiera dos menores, sus hijos, sufriendo de manera directa las consecuencias del circo mediático montado en torno a este particular ¿Entendemos ya la importancia de libros como “Esto no existe” de Juan Soto Ivars? Pocos son aquellos capaces de posicionarse ante una tropelía de esta magnitud, exponiéndose como lo lleva haciendo desde hace años el escritor murciano. Además, enfocando el tema de la manera más objetiva posible y sin dejarse llevar por ideologías vacuas cargadas de mensajes subliminales polarizadores.
Por otro lado, es entendible el malestar de aquellas feministas de Pro que ven peligrar el sustento logrado a base del discurso reiterativo, y carente de sentido común alguno, que llevan promulgando desde hace años en los diferentes medios de comunicación que les sirven además como altavoz mediático. Esas mismas que dicen portar la bandera de la igualdad y los derechos de las mujeres, aún a pesar de que por el camino desintegren los mismos derechos y libertades que se les presume a los hombres.
Una situación en definitiva que Soto Ivars saca a la luz de una manera brillante, a sabiendas de que durante un tiempo se seguirán sucediendo los aquelarres orquestados por los de arriba intentando desacreditar su obra y labor. Lo que parecen no entender todos ellos es que cada vez hay más personas convencidas del timo que representa este tipo de feminismo. Las mismas que siempre defenderemos la igualdad de derechos y oportunidades entre un hombre y una mujer y no una sociedad donde la discriminación positiva se convierta en la consecuencia directa de perjuicio hacia una de las partes.