Las últimas tecnologías se han convertido en una eficiente herramienta a disposición de los gobiernos para poder influir en la opinión general de la ciudadanía. “HODIO” la nueva idea Orwelliana del gobierno de Pedro Sánchez y todos aquellos que subsisten al socaire del mismo, es la prueba más evidente de esta tendencia.
En palabras de sus ideólogos estamos ante “una herramienta con la que analizar el discurso de odio y polarización en las principales redes sociales utilizadas en España”; a ojos de cualquiera que tenga dos dedos de frente y el conocimiento justo para no mearse encima, más bien ante una forma de control totalmente subjetiva e inquisidora con la que poder sacar rédito político.
El verdadero objetivo de HODIO
La realidad es que esta no es más que una nueva treta a la que ya nos tiene acostumbrado el gobierno del cambio y de progreso (el de sus integrantes) para intentar mantenerse en el poder a toda costa. Una más de esas iniciativas rozando la ilegalidad que a su vez, curiosamente, choca frontalmente contra la forma de comunicarse y operar, casi de manera asidua, de buena parte del equipo político de nuestro presidente.
Solo hay que escuchar despotricar por la boca a Oscar Puente, Ministro de Transportes y Movilidad Sostenible de España o deleitarse con los discursos poco benévolos de Patxi López, para entender que HODIO no se encargará precisamente de controlar ni a uno ni a otro cuando estos se excedan diciendo o publicando sandeces en cualquier de las redes sociales donde tienen presencia. Ni debería. Si queremos libertad de expresión debe de ser para todos, no solo para aquellos que confluyen con nuestras ideas.
Sin embargo, ni Pedro Sánchez, ni tampoco la mayoría de los que apuntalan su gobierno, creen en libertades de ningún tipo. Más bien justamente todo lo contrario. Porque de hacerlo, ya no estarían ocupando la poltrona como lo siguen haciendo a pesar de que no cuentan con un apoyo popular mayoritario según las encuestas actuales. A Sánchez le importa un carajo lo que opine el pueblo. Ni siquiera aquellos que con su voto han favorecido sus intereses políticos una y otra vez.
El objetivo aquí es intentar maniatar a todo aquel que no comulgue con el discurso oficial y de paso señalarlo públicamente mediante una herramienta informática que, según aquellos que se han encargado de su concepción, “emplea un sistema mixto de análisis que integra técnicas cuantitativas e inteligencia artificial para procesar grandes volúmenes de contenido público y revisión humana experta, que garantiza precisión, coherencia y respeto a los estándares internacionales”.
HODIO y sus posibles consecuencias
Quedémonos con esto último que es precisamente lo que fundamenta este despropósito. Primeramente, hay que preguntarse quién serán aquellas personas que decidirán lo que es un discurso de odio, y lo que no. Probablemente, la mayoría de ellas tendrán carnet del PSOE o en su defecto se “autopercibirán” como socialdemócratas de arraigada fe, antifascistas de PRO y demás mamarrachadas varias en forma de una manifiesta ideología woke.
Y luego tenemos eso de “los estándares internacionales” a lo que uno se cuestiona si son aquellos a los que recurre sistemáticamente nuestro gobierno bajo el amparo de “homologarnos con Europa”, esos mismos que después la propia Unión Europea les tumba por ilegales, discriminatorios y cargados de intereses propios. Pero que no cunda el pánico que según afirman en la web oficial de HODIO “los mensajes detectados como potencialmente polarizantes u ofensivos se revisan para garantizar un análisis riguroso y fiable”.
Todos sabemos, por pura experiencia, lo riguroso y fiable que es el actual gobierno. También conocemos de primera mano todo aquello que nace de su iniciativa con fines políticos y partidistas. Debemos empezar a pensar cuáles pueden ser las consecuencias directas de los análisis de HODIO para todos los que no comulgan con las ideas y el discurso oficial. A su vez no debemos olvidarnos de las herramientas en poder del estado para presionar a esos mismos que le incomoden de forma alguna.
Recordemos que vivimos en una partitocracia donde no existe una separación de poderes tacita y donde, además, organismos como la Agencia Tributaria, los Cuerpos de seguridad del Estado o el Ministerio Fiscal, entre otros, están a las órdenes del gobierno de turno. Por ende: ¿Hemos pensado en que pasaría si desde las más altas instancias se diera luz verde al señalamiento y posterior hostigamiento de aquellos que según su criterio incumplen las normas establecidas bajo su nueva herramienta de control?
Efectivamente, pueden llegar hacérselo pasar mal. Muy mal de hecho. Es por ello que debemos ser conscientes como, por un lado, se está maniatando nuestro derecho de expresión bajo la excusa de erradicar el discurso racista o de odio. Por otro, con iniciativas de este tipo, eliminan de manera selectiva aquellos preceptos establecidos anteriormente que hasta ahora delimitaban nuestra privacidad.
Esta forma de proceder no es nada nuevo. En la República Democrática Alemana (RDA), la Alemania Nazi, se encargaba de hacer lo mismo la conocida como Stasi (Ministerium für Staatssicherheit). Su misión era muy parecida a la que debe de desempeñar HODIO: Controlar todos aquellos discursos que no le vienen bien a los que tienen el bastón de mando. Y, al igual que entonces, una parte de la población ve con buenos ojos que se pongan en marcha iniciativas de este tipo.
En cualquier caso, en una cosa tiene plena razón nuestro “líder”, y es precisamente cuando expone el momento de polarización al que está sometido la ciudadanía. Lo que parece olvidársele o simplemente obviar, es que gran parte de la culpa de esta situación la tiene él y su equipo de gobierno. Las conocidas y manidas expresiones de “conmigo o contra mí”, “el lado bueno de la historia”, “cordón sanitario”, etc., son casi en su totalidad de su propia cosecha.
Llevan prácticamente ocho años señalando, juzgando y apartando de la escena política y social a todo aquel que no se posicione de manera incuestionable en el lado de sus intereses. Y ahora, tras destruir la concordia general que se había logrado establecer tras la firma de la Constitución de 1978, vienen a determinar quiénes son los buenos, y quienes los malos con su nueva genialidad informática. Haciendo uso de esa superioridad moral que los caracteriza van a poner orden en las redes sociales, o eso dicen, y ya de paso, intentar silenciar aquellas voces discordantes con sus oscuros intereses políticos.
HODIO es solo el comienzo de una nueva era a todos los niveles y, sin embargo, la mayor parte de la población (independientemente de que estén a favor o en contra), no son capaces de percatarse de los peligros que entraña para la privacidad y el desempeño de nuestra libertad de expresión. Pero tranquilos, que muy pronto empezará la purga virtual y entonces llegará el baño de realidad que tanto necesitamos.