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«Me voy de España», la triste realidad de cada vez más españoles

En los últimos tiempos he escuchado o leído lo de “me voy de España” unas cuantas veces. Seguramente bastantes más de las que debería haberlo hecho, teniendo en cuenta que, supuestamente, vivimos en uno de los mejores países de la tierra y que además es parte de lo que comúnmente conocemos como Occidente o primer mundo.

Las razones de este éxodo de ciudadanos foráneos son diversas aunque aquellos que lo hacen casi por obligación tienen la firme convicción de que aquí cada vez “es más difícil prosperar”. Además, la mayor parte de los testimonios en primera persona de muchos de ellos aluden a factores tan de actualidad como la inflación, la corrupción política o la inseguridad creciente en algunas partes del país… y no les falta razón.

“Me voy de España” para intentar prosperar

Así de claro y explícito se explicaba uno de esos famosos Youtubers que recientemente ha decidido salir del país, junto a su pareja, en busca de un futuro mejor. Si bien dejaba claro sus razones personales, preferiría no opinar de una manera abierta sobre aquellas de ámbito general. Entre otras cosas porque tras la pantalla, muchos de esos que le siguen en sus diferentes redes sociales y hasta el día de hoy le han apoyado en sus proyectos, podrían terminar por avasallarlo de manera descarnada tras su meditada decisión.

No tiene uno bastante con tener que dejar atrás el lugar que lo ha visto nacer y crecer, que además le toca soportar a una horda de paletos incultos sin fundamento, y que tienen el conocimiento justo para no cagarse encima, dedicados por sistema a juzgar a todo aquel que no comulga con su ideología política y todos aquellos mantras que la envuelven.

Una situación en definitiva que aleja el talento patrio de nuestras fronteras mientras por la otra punta del país sigue entrando una cantidad ingente de personas sin oficio ni beneficio a las que muy probablemente termine manteniendo el estado como hasta ahora; o lo que es lo mismo, usted y un servidor a base de qué mes a mes nos saquen a ambos vía impuestos.

Una paradoja social y económica que, de algún modo, refleja la ruptura total de la sociedad europea. Porque ojo, este desequilibrio intergeneracional no se da de manera exclusiva en España. Hablamos de un fenómeno migratorio que se produce cada vez más asiduamente en otros países del entorno. Todos ellos tienen en común algunos aspectos clave que son consecuencia directa para vernos en esta encrucijada.

Entre ellos podríamos destacar el cáncer social y económico que representa la maltrecha socialdemocracia impuesta por ese órgano que nadie ha votado ni escogido: la Unión Europea. A partir de aquí y fruto de las políticas que emanan de esta forma de proceder se propician un corolario de circunstancias concomitantes a la misma que terminan por aniquilar a las clases medias.

Como curiosidad estas últimas están compuestas precisamente por esos mismos ciudadanos expoliados con el único fin de mantener vivo el chiringuito vía el saqueo estatal impuesto por los políticos ideólogos de tal despropósito, que a su vez son los culpables directos de esta situación de éxodo masivo que vive Europa en estos días y desde hace ya unos años. En definitiva una pescadilla que se muerde la cola, una y otra vez, desde hace demasiado tiempo.

Como colofón a este despropósito y a modo de apuntalamiento a esta falsa política y social tenemos además a todos esos expertos de plató, convertidos en una banda de paniaguados hijos de la gran puta al servicio de los regentes del cortijo. Los mismos que desempeñan su labor señalando con el dedo inquisidor a todo aquel que ha decidido abandonar este sin sentido, haciendo además un escarnio público de su víctima si el momento y la cadena de televisión donde militan se lo permiten.

Sin embargo, cada vez más gente es consciente de lo que se nos viene encima. Un cóctel verdaderamente peligroso para los intereses de todos y cada uno de nosotros donde aspectos tan relevantes como una inmigración descontrolada, la desaforada corrupción política, una inflación galopante o el estancamiento de los sueldos se están convirtiendo en factores decisivos para que cada vez más ciudadanos de bien se planten irse de España con la intención de prosperar en otros lugares del mundo.

En la cara opuesta de la moneda se encuentran países como Dubái, Panamá, Andorra, Costa Rica, Irlanda e incluso nuestra vecina Portugal que han entendido a la perfección la exasperante situación de todos aquellos que deciden emigrar de España, o cualquier otro país de la Unión Europea donde se dan estas circunstancias, para establecerse en cualquiera de los citados de manera permanente.

Haciendo gala del grado de racionalidad preciso, aquellos que están al mando de dichas naciones ofrecen un sinfín de ventajas fiscales a todo el que decide convertirse en un ciudadano más dentro de sus fronteras. Una presión fiscal mucho menor, la prácticamente inexistente burocracia o la defensa a ultranza de la propiedad privada son razones más que suficientes para partir de España hacia estos atractivos destinos.

Hay algo aún más delirante en toda esta historia y eso no es otra cosa que las medidas adoptadas por nuestros mandatarios para que esta tendencia disminuya o directamente se acabe… Ninguna. Ente otras cosas porque a cualquiera de ellos, independientemente del signo político al que pertenezcan, les importa un carajo todo aquel que decida emigrar en busca de un futuro mejor lejos de su querida España.

Ellos, nuestros políticos, el único sufrimiento que padecen es el de encontrar las formas de seguir cosechando nuevos clientes abonados a su teatro ideológico. Ya sea mediante redes clientelares de votos, favores políticos ad hoc o promulgando promesas vacías al aire que terminan comprando buena parte de sus acólitos. La causa, la suya, es lo único que les importa a todos y cada uno de ellos.

Indudablemente, las consecuencias (trágicas para todos) llegarán más pronto que tarde. Esencialmente, porque si aquellos a los que exprimes deciden que ya no lo seguirás haciendo, es probable que, llegado el momento, no haya donde echar mano para seguir financiando el negocio de la partitocracia que tenemos instaurado en nuestro país.

Llegados a este punto hay que tener claro cuál es la situación, pero sobre todo qué medidas adoptar de vernos afectados de manera directa. En lo personal, hace ya unos fines de semana, durante en el transcurso de una distendida charla con uno de mis sobrinos terminé instándole a que se buscara las habichuelas allá donde mejor le viniera. Mi consejo (acertado o no) fue que intentara tener los menores amarres aquí para, llegado el caso, poder coger la maleta y salir tocando sin mirar atrás.

Quien sabe igual un día de estos, dejándose llevar por mis palabras, me espeta eso de “me voy de España”. No seré yo quien intente retenerlo, ni a él, ni a nadie que posea el valor y la determinación de intentar construirse una vida mejor y menos sacrificada en según que cosas. Eso sí, es probable que todos aquellos que aquí nos quedamos se nos encoja el alma cada vez que escuchamos esta triste cantinela en voz de alguien que nos gustaría tener cerca, pero sobre todo, que debería tener derecho a prosperar en su propia tierra sin más motivo que el de haber nacido aquí.

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